martes, 22 de julio de 2014




Te veo,

y al tratar de atraparte

corres de nuevo hacia la nada

¿en qué dimensión te encuentras?

en la dimensión del humo,

en donde se extravían las manos

y los pasos se pierden,

donde la palidez y el sueño te dominan

y apenas se distingue a lo lejos

un reloj en la pared

con su gran péndulo.




Este es otro de los poemas de la década de los 70s de mi libro inédito de poesía.  Pronto estaré trabajando en él.

viernes, 18 de julio de 2014



Empiezo hoy realmente a sepultar al mundo


Decidí esta mañana enterrar al hombre
con el sol en la montaña
con la frente alta y sin cansancio.

volverme luto sin negro
sin nostalgia ni fatiga.

El cansancio suele volverse costumbre

y se le va la nostalgia y se le va la fatiga.


Dejarme llevar como piedra en el río

confundirme entre la masa

y dejar correr al mundo sin compás de tiempo.




 Este es otro de los poemas que publiqué allá por los años 70s del siglo pasado.

miércoles, 16 de julio de 2014

Sin título





El espacio ocupacional de la memoria
se otorga
respondiendo a una simbiosis de vida

...y el mundo se pobló.





lunes, 7 de julio de 2014

Juan Flores


De horrores,  amores, sinsabores y desilusiones de odio y venganza está plagado el mundo.

Tan tremenda como nos pueda parecer una narración, otra, nos podrá parecer hermosa y tierna de todo hay en la viña del Señor.

En la medida que recuerdo historias me pongo en el lugar del lector y me digo:  “¿Qué pensarán cuando sepan que las historias románticas o no románticas se repiten? Luego me siento en la silla de mi escritorio y busco en un cajón con aspecto de cofre dejado por aquellas tías abuelas sigo en la búsqueda de historias que en algún momento dejarán de estar y lo que leamos será nada más el recuerdo de fantasmas que han pasado por esta casa y se han sentado en la misma silla que se conserva desde hace tanto tiempo atrás.

Había una historia interesante que no me tocó a mí conocer, esta viene de muy atrás.

Resulta y, de allí aquello de:  “Este tiene más huevos que Juan Flores”.  No se alarmen por la expresión,  es una expresión real que persiste en los habitantes de mi pequeño país que es utilizada cuando algún rufián comete alguna fechoría de características económicas; cuentan que este personaje, vivía en una finca (ahora bastante céntrica) ya transformada en finca urbana llamada “La Floresta” el nombre de Floresta, nace del apellido de aquel Juan Flores.

Bueno pues cuentan que este Juan salía  a altas horas de la noche acompañado de dos burros en los cuales colgaba unas talegas cargadas de oro y empezaba su descenso de la casa grande de la finca, hacia otros lares.

Hubo quien con la intriga y curiosidad de saber a dónde se dirigía lo seguía en aquel camino para entonces de terracería.  Se sabe de algunos curiosos que nunca volvieron y es que el tal Juan Flores era diestro con la navaja o puñal o machete.

Pero al no aparecer los cadáveres de los curiosos se daba por sentado que se habían ido del lugar.

Cuentan que el tal Juan había hecho su fortuna en base a robos que efectuaba en su lugar de trabajo; era fácil para él por ser el Alcalde municipal del lugar.  Prefiero no mencionar nombres para evitarme la fatiga y la posible investigación  por parte de la autoridad.

Las tías Abuelas contaban y no contaban o, contaban a medias el origen de aquel oro que con tanta desfachatez el tal Juan robaba de las arcas municipales.

La Floresta fue una finca hermosa en la cual sobrevivían sus herederos de los que se decía que eran personas de mal corazón.  Se vio alguna vez al nieto de Juan apedreando a los pobres hijos de los peones y todo el mundo decía:  “Esos si son huevos de Juan Flores.”

A Juan Flores después de una investigación se le descubrió un desfalco tremendo el que lo llevó a ser encarcelado.  Nunca se supo del lugar en donde guardaba el oro y al parecer ni los herederos se enteraron porque después del suicidio del malogrado Juan, se vinieron a la quiebra.

La finca antaño hermosa, termino desmembrándose y convirtiéndose en área residencial, me parece que su último descendiente (su nieto) desmembró para vender y poder sobrevivir las vicisitudes  de la vida, también se suicidó.

A la fecha cuando se sabe de algún desfalco se sigue utilizando la famosa frase:  “Esos si son huevos de Juan Flores”.

No sé si esta es la historia completa de don Juan Flores pero si no la fuese es casi exacta porque a mis tías no se les pasaba por alto ningún dato que recogían de los mismos vecinos.

Continuaremos.   Veré si consigo más material que no es solo de conseguir sino de saber elegir.  Ya veremos.


Besiños.

domingo, 6 de julio de 2014

Para Toro Salvaje

Un día muy de mañanita se presentó en mi casa una vecina que venía urgida para que le redactara una carta.  Regresaba de  misa de cinco de la mañana.

Era escuchar las campanas de la iglesia que anunciaban la misa y se la veía pasar muy devota con su vestido negro y una mantilla de encaje del mismos color.  Llevaba en sus manos el misal con un rosario colgando; por cierto que era un personaje interesante, parecía extraído de una Obra de teatro de García Lorca.

Doña Merceditas, muy devota y de una edad ya avanzada, tuvo tres hijos, de los cuales uno había partido muy joven a tierras lejanas, otro se había involucrado en un movimiento insurgente y, un tercero, que vivía con ella siendo su único consuelo.

Su hijo podía haberle escrito todas las cartas que ella quisiera, pero no quería que Antonio, se enterara de que ella usaba mis servicios, por temor a disgustarlo.

Con toda razón, pues Doña Mercedes no tenía por qué pagar por un servicio que él podía  hacer.

El caso es que Doña Mercedes (Meches) como cariñosamente se la conocía, quería que sus  cartas fueran inteligibles y la letra de su hijo distaba mucho de ser clara.

Esa mañana al regreso de misa, me sorprendió tan temprano solicitando mis servicios, me extrañé pero a pesar de todo, la hice pasar adelante y la invité a tomar un café con unas galletitas de canela que recién sacaba del horno.

Empezó diciendo:  “Querido hijo, se refería al que había ido a tierras lejanas, te comunico que he estado al borde de un infarto, ante la noticia de que Manuel (su hijo insurgente) se vio involucrado en un ataque armado en contra del ejército, al ser repelidos por la institución armada, varios quedaron muertos en el campo de batalla, no así Manuel.

No sé exactamente si logro escapar o cayó en manos del enemigo; si esto último fuera cierto no tardaremos en saber que lo torturaron y mataron.

La noche anterior, las fuerzas armadas se presentaron en nuestra casa y se llevaron con lujo de fuerza a Antonio.  Lo levantaron de la cama y se lo llevaron en pijama, mi pobre Antonio sorprendido y asustado los acompañó”.

Soltó en llanto y yo no sabía qué hacer para calmarla, me levanté y le llevé una taza de té de tilo calentito.

No podía articular palabra y a la carrera me dio la dirección de su hijo y me pidió que me encargara del cierre de la carta.

Con la misma rapidez con que me hizo su solicitud se levantó y salió muy de prisa de la casa.

Hice lo que me solicitó:  concluí la carta e inmediatamente la lleve a las oficinas de correo para que la enviaran.

A los tres días de haber enviado la carta me enteré que los dos hijos de doña Meches habían sido brutalmente asesinados; me reservo la forma en que fueron encontrados los cadáveres porque es repulsivo sólo les puedo contar que vi a doña Mercedes rezando el rosario tras el féretro de sus hijos con su mismo aspecto y con mucha dignidad.


Esta es una de tantas historias que me tocó conocer por el servicio que presté en aquella oportunidad.

Hoy se lo dedico a Toro Salvaje porque me dio la idea de relatar las historias que llegaban a nuestros oídos a través de nuestro servicio de correspondencia.

Para el conocimiento de todos ustedes quiero decirles que en esa ocasión ya no cobré el costo de la carta.





sábado, 5 de julio de 2014

Casi, casi

Casi, casi...
Pierdo mi soledad contigo
siento tus manos
arañando su puerta
y me pertenece de hace siglos.

Buscaré un lugar donde perderme
y desde allí
alejada y escondida
te veré pasar de largo.

Prefiero verte ahora
y no después
con mi soledad del brazo
llevándote mi libertad con ella.

Me despido a nivel de soledad
te digo adiós, pero me quedo
a compartir contigo
mi alegría, mi deseo y mis besos.


Hace unos días guarde mis poemas, los puestos en mis tres blogs porque participaré en un concurso y no puedo dejarlos expuestos.

Entre los que guardé me encontré con algunos que quise re publicar. 
Uno de ellos es este que dejo. 

Iré poniendo uno que otro para darlos a conocer a quien no los haya leído en su oportunidad.  Éste lo escribí en los años 70s del siglo pasado

Espero que les guste.
Todos, fueron publicados en periódicos locales.

Un besiño.

viernes, 4 de julio de 2014

Una antigua costumbre

Y es que esto de enviar cartas que me apasiona por cierto,  viene de antepasados.

Mis tías abuelas dos ancianas respetables, solían enviar cartas para solventar  cualquier asunto.

Si querían despedir un empleado enviaban cartas, si querían regañar a un sobrino, enviaban cartas. Si querían felicitar a un cumpleañero, enviaban cartas. Todo lo arreglaban  por medio de misivas. Parecía que habían olvidado hablar. Creo que fue a raíz del invento de la máquina de escribir.

Se paseaban por el pueblo contoneándose porque únicamente dos familias en el pueblo, tenían la máquina de escribir en su poder. Era una novedad, y como buena novedad, tenía un precio elevado.

Igual con el servicio telefónico, al adquirir el aparato, pusieron un letrerito en la ventana que decía: Q.0.05 la llamada; el dinero reunido, se utilizaba  para pagar mensualmente el servicio telefónico.

De hecho, las llamadas que ellas hacían salían gratis.

Se especializaron en redactar cartas y cobraban por hacerlo. Así se enteraban de los chismes de la vecindad. Por cierto, se olvidaron de vivir sus propias vidas. Nunca se casaron fueron solteras y murieron vírgenes.

A mí me quedó la costumbre de redactar e interpretar la correspondencia dictada por los vecinos.

Me enseñaron a manejar la máquina de escribir, y cuando ya estaban ancianas (las tías), me llamaban a mí para dictarme sus impresiones sobre la vida y la muerte. Cosa que yo aproveché para filosofar. La perspectiva de la vida cambia según la época, la posición social, la capacidad intelectual y la circunstancia individual. Lo que no varía mucho es la visión sobre la muerte. Para esto, no existe época. Cada cual se enfrenta a la parca, según su concepto sobre la misma, o lo que es igual, según su religión o filosofía.

Ahora continúo con la costumbre...Al extremo que habilité un pequeño local de la casa de las tías que dicho sea de paso,  pasó a ser de  mi propiedad. Cuando las personas me solicitan el servicio de redactarles una carta  me presto solícita. Me intereso por todo lo que puedan decirme.  Es una forma de enriquecerme.



Podría continuar contándoles ¡¡Tanto!! Pero prefiero reservarme la vida y milagros de los vecinos quienes cuando ven que me aproximo a ellos, expresan su cariño con esa bella sonrisa de las personas sencillas de mi querido pueblo.


Este relato pertenece a mi libro "Cuentos y relatos de Aída Niederheitmann"